“La ida inicial es pintar con acrílico sobre un soporte que tiene impresas imágenes fotográficas del Taller de grabado
La Siempre Habana por el que han pasado a lo largo de estos diez años muchos artistas cubanos, todos de primera línea”, precisó.
“La intención inicial es acercarlos –si se quiere hasta de una manera
tramposa- para que pinten sobre una imagen digital. Las imágenes están
tomadas por el fotógrafo mexicano Juan San Juan que nos acompaña estos
días. Entre los artistas que en algún momento han pasado por el Taller
están Nelson Domínguez, Choco,
Kcho, Roberto Fabelo, Zaida del Río, Ernesto García Peña,
Agustín Bejarano, Aziyadé, Arturo Montoto, Rigoberto Mena, Ever
Fosneca, Raúl Cordero y Carlos René Aguilera, entre otros. La idea es
que cada uno de ellos participe haciendo una obra de su autoría con un
pie forzado que es una imagen del Taller donde ellos han trabajado en
México”.
Desde tu doble condición de artista digital y artista que
trabaja con las llamadas técnicas convencionales, ¿por qué crees que
algunos creadores continúan resistiéndose a lo digital?
“Creo que eso parte desde los orígenes de la computación. Las primeras
imágenes visuales que se hicieron en una computadora no las realizaron
artistas sino científicos, investigadores o programadores.
Con el tiempo se difundió la idea de que no era el artista quien hacía
la obra sino que era la máquina, la computadora, y este concepto le
otorgaba la computadora una categoría; era como si la PC fuera un
personaje y eso ha reforzado la idea de que quien hace las cosas es la
computadora. Los aristas han visto un distanciamiento entre esa forma
de trabajar y la que ellos están acostumbrados, que es la de embarrarse
las manos en pintura.
Por suerte, se ha ido cambiando y un grupo de artistas se han
involucrando con el arte digital –y a su vez se han diseñado programas
que son más cercanos a los materiales de arte tradicionales-.
Actualmente existen programas muy hechos en función de los artistas y
estos sienten que están realmente trabajando. Hoy puedes encontrar una
tarjeta –en vez de un mouse- una pluma que no tiene alambre y que es
resistente a la presión y con eso puedes hacer las mismas texturas que
el óleo. Por otro lado, el sistema de impresión ha avanzado tanto que
se puede imprimir sobre una tela normal y parece que es una pintura
realizada a mano”.
¿Cuál es la verdadera historia de tu interés por el arte digital?
“Intentaré hacerla brevemente. En el año 1985 fui a mi provincia natal
donde tengo un primo que es profesor de física en el Politécnico
Pedagógico de Pinar del Río y conversando con él me comenta que tiene
un programa de computación que dibujaba.
Recuerdo que le pregunté ¿cómo es eso? y de ahí nos fuimos al
laboratorio donde estaban las cuatro primeras computadoras que había en
la provincia: metió un disquete mágico en una de aquellas máquinas
–entonces no había mouse- y era un programa elemental de la IBM y
realicé los primeros garabatos probando con un teclado como si fuera un
pianista.
Salimos de ahí al día siguiente, a las siete de la mañana, con dos
hojas tamaño de carta impresas –en una impresora de puntos- y con un
disquete mágico en la mano. Con ese disquete fui al Instituto Superior
de Arte, ISA, a ver a la doctora Yolanda Wood -que en ese momento era
la vicerrectora de la institución- y le mostré mis dos hojitas.
Le comento del programa que recién había conocido y al que le veía
muchas posibilidades y que sería muy bueno tener en la institución una
computadora para ir probando. Y me contesta: “ayer el Ministerio de
Educación Superior nos acaba de dar una computadora y nadie sabe qué
hacer con eso: ahí tienes un cubículo central en el primer piso del
ISA, ahí está la computadora, ésta es la llave y ¡allá tú!”
Me metí días y días y días y -luego de esos primeros ensayos- me iba,
al menos, una semana hacia el Politécnico de Pinar del Río. Casi no iba
a mi casa. La gente del Ministerio de Educación me ayudó mucho y tengo
que mencionar a René Herrera y a
El Popy, que eran los que estaban avanzados en eso. También a
Medina que trabajaba en una institución que tenía que ver con el
desarrollo de la computación; incluso me prestó una máquina para que la
tuviera en mi casa –violando todas las normas habidas y por haber
porque a quién se le ocurría que un organismo prestara una máquina-,
pero entre el ISA, la computadora prestada y el Instituto Pedagógico de
Pinar del Río, salieron las primeras cosas.
A pesar de lo difícil que fue tengo que reconocer que tuve mucho apoyo
de la gente. Los primeros resultados factibles y mostrables fueron dos
videoclips que hice con música de Pablo Milanés y las imágenes hechas
en ese programa –todavía sin mouse-: las trabajaba en el ISA y me iba a
Pinar del Río a pasarlas a video.
Con esos dos videos pasó algo muy simpático porque los presento en el
Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano en el año 1989 y
se exhibieron en una pantalla gigante en el Pabellón Cuba. La premier
de esos documentales coincidió con el estreno de la película Habana de
Robert Redford y para mí fue muy simpático porque -de pronto- estábamos
en el teatro de la Universidad Robert Redford y yo en el escenario: él
presentado su película y yo mis videos.
Fue una satisfacción muy grande ver que dos mil o tres mil personas
veían esos videos y ahí fue donde me dije: “esto tiene que tener algo
especial porque qué exposición la van a ver 300 mil gentes en un día.
Esa certeza fue un impulso muy bueno”.
A partir de ahí nos empezaron a ayudar más, nos dieron tres
computadoras, nos facilitaron un plotter que hoy, seguro, es una
reliquia. Aquí tengo que mencionar a un grupo de muchachos de la
Facultad de Física-Matemática de la Universidad de La Habana: Carlos
González Denis se aparece un día al cubículo del sótano del ISA y me
dice: “estoy en el último año de Física-Matemática y quiero saber qué
podemos hacer juntos”. A mí me dio una confianza tal que fuera un
estudiante que le dije: “aquí tienes la llave, eres el dueño y puedes
entrar y salir cada vez que te dé la gana”.
Pero lo simpático es que cuando veo lo que ha sido la gráfica por
computadora, cuando llego a México es que me doy cuenta de que nosotros
aquí, en Cuba, empezamos mucho antes que muchos artistas y que en
Estados Unidos -donde se realiza un importante Festival que viene
siendo como los Oscares del arte digital- no participan artistas sino
que se presentaban animaciones, anuncios, video clips, pero el impreso
prácticamente no lo hacían.
Ahí es cuando me doy cuenta de hasta dónde nos ha marcado el bloqueo y
que quizás nosotros fuimos mucho más adelante en ese momento.
Me da mucha satisfacción que hace diez años el Centro
Pablo
desarrolle los Salones de Arte Digital, porque en estos momentos
podemos decir que estamos al día a nivel mundial y por eso, cada vez
más, hay una participación internacional tan importante.
Ahora tenemos las mismas dificultades de hace veinte o treinta años
cuando se acababa el rojo para pintar y había que privilegiar el azul y
el verde; ahora pasa lo mismo, pero lo que nos salva es la imaginación
y el irse por encima de todas las dificultades”.
Como parte del X Salón, en el Taller Experimental de Gráfica de La Habana quedó inaugurada la exposición
Homenaje dedicada Frémez y a ti con la que se le reconoce a ambos la paternidad del arte digital cubano…
“El Taller Experimental de Gráfica de La Habana es mi cuna como grabador y me satisface mucho que hayan hecho este homenaje a
Frémez y a mí.
Frémez era un investigador nato y no solamente en las
cuestiones relacionadas con la computación. Cuando él estaba al frente
del Consejo Nacional de Cultura empezó a utilizar mucho la fotografía
para hacer los carteles y eso fue derivando en su obra. El origen de
Frémez era como caricaturista, pero uno no podía esperar que
supiera dibujar como un artista graduado de una escuela; fue un tipo
que se hizo en la práctica y siempre fue un gran investigador.
Recuerdo que
Frémez me mandaba a pedir bicromato de
potasio y lo mezclaba con color y lo aplicaba sobre los papeles y hacía
los montajes en negativo y los revelaba al sol en el jardín de su casa.
Cuando tal vez todo el mundo tenía equipos sofisticados, él usaba la
luz del sol como si estuviera inventando nuevamente el daguerrotipo.
Ese espíritu indagatorio fue lo que lo llevó de una cosa a la otra. Lo
digital fue una más, algo que enfrentó en su vida.
Recuerdo que cuando empecé a hacer estos videos, mi público absoluto era
Frémez
y cada vez que avanzaba en un minuto de cinta iba corriendo a su casa
–era uno de los pocos que tenía videocasetera en ese momento- para que
los pudiera ver. En ocasiones iba dos y tres veces al día a su casa: me
iba para la escuela, hacía diez minutos de trabajo, incluía dos
cuadritos y volvía para la casa de
Frémez y él me decía “¡coño, qué ganas tengo que termines eso
porque tengo que espantarme lo mismo cuatro veces!” Así nos fuimos
involucrando.
No olvidemos que
Frémez había tenido acceso a materiales y
cuando yo tenía 15 años me daba los pinceles para que pintara, porque
el estaba metido en el tema del diseño de las revistas
Cuba Internacional y
Revolución y Cultura. Nunca olvidaré que me decía 15-L, que era el número del pincel que más me gustaba y siempre me daba de esos.
Estuvimos muy involucrados en una relación profesional muy linda y
Frémez siempre será para mí un creador nato y es una tremenda satisfacción que este
HOMENAJE haya
sido a la par e inaugurado por Luis Lara, el actual director del Taller
de Gráfica, y por Víctor Casaus, el director del Centro
Pablo, que, también, es un gran amigo desde hace montones de años”.
Centro Cultural
Pablo de la Torriente Brau
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Vieja,
Ciudad de la Habana, Cuba
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Correo electrónico:
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