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entre Oficios e Inquisidor,
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Víctor Casaus: "Fidel Castro es una de las mayores figuras del Siglo
Enviado por dianafurlani on Wednesday, 12 August a las 13:14:37
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víctor casausUno de los más reconocidos poetas y cineastas cubanos cuenta cómo vivió el día que las tropas revolucionarias entraron en La Habana en 1959. Explica cómo funciona el sistema de salud en su país y lo compara con el de la Argentina. Reflexiona también sobre la lucha armada como vía para acceder al poder.

Víctor Casaus es poeta, narrador, director cinematográfico y periodista, uno de los más reconocidos de su Cuba natal. Ha publicado, entre otros, los poemarios Todos los días del mundo (1967), Entre nosotros (1978), Los ojos sobre el pañuelo (Premio Latinoamericano de Poesía «Rubén Darío», 1982), De un tiempo a esta parte (1985), Maravilla del mundo (1989) y Amar sin papeles (1999). Licenciado en Lengua y Literatura Hispánicas en la Universidad de la Habana, ha colaborado en las principales publicaciones periodísticas nacionales y en publicaciones culturales como: Revista Casa de las Américas, Cine Cubano, Unión, Revolución y Cultura entre otras. Fue uno de los fundadores de “El Caimán Barbudo”.
Como realizador fílmico ha dirigido más de quince documentales, entre ellos los dedicados a Miguel Hernández, Vladimir Maiacosvki, Violeta Parra y Silvio Rodríguez.
Actualmente dirige el Centro Pablo de la Torriente Brau en La Habana, que ha promovido fructíferos intercambios culturales con instituciones y artistas de varios países. Y como parte de algunos de los programas que tiene este centro, Casaus estuvo en Santiago del Estero. LA COLUMNA aprovechó esta visita para dialogar con este ilustre representante de la cultura cubana.

LA COLUMNA: Para usted, como escritor y hombre de la cultura, ¿cómo ha sido vivir bajo el régimen cubano, teniendo en cuenta que muchos escritores se fueron de la isla por razones políticas?


Casaus: Nunca ha sido un problema hasta ese punto. Yo pertenezco a una generación poética que es la de El Caimán Barbudo, una publicación que fundamos en 1966, en La Habana, un grupo de poetas, dirigida por un narrador, que es Jesús Díaz; y con ese grupo nos dimos a conocer como autores cuando teníamos veinte y tantos años. Después, he incursionado en otros géneros. He estado trabajando mucho en el testimonio, que es el otro género que me ha azotado con más frecuencia. Y el otro oficio que he tenido es el del cine, porque he sido realizador de documentales y de películas de largometraje y también guionista de algunos films. La vida cultural cubana no ha estado exenta de contradicciones y problemas a través de los años, como suele ser toda experiencia humana. En particular, en la década del setenta hubo un momento muy difícil de relación entre la política cultural que se aplicó en ese momento y que no era exactamente la que la Revolución había iniciado en los años sesenta, y eso produjo una quiebra importante entre 1971 y 1976.


L.C.: ¿Qué actitud tomó ante esa situación?
Casaus: En ese momento, al igual que otros autores, yo dejé de publicar. Es decir, no fui publicado de manera generosa como generalmente eran y son las publicaciones en Cuba. Y pertenecí al grupo de escritores que decidió permanecer en la isla, a partir del criterio de que ese es un proyecto social justo, con bases absolutamente importantes para nuestro país, en el cual no están exentas esas contradicciones. La realidad no debe verse nunca en blanco y negro, sin matices, por eso es que es que si yo dijera que la política cultural cubana ha sido una panacea durante cuarenta años estaría mintiendo. Hubo ese momento de quiebre en la que algunas figuras importantes y otras emergentes de la literatura no tuvimos una participación como debíamos haberla tenido.

L.C.: ¿Cómo finalizó ese proceso? 
Casaus: Hubo ciertos sectores que después desparecieron de la vida cultural e incluso desaparecieron del país, que habían tratado de establecerse sobre la base de la aplicación de una política cultural errónea, errática, queriendo imponer los cánones del realismo socialista soviético. Eso encontró un rechazo muy grande de la cultura cubana, porque yo pienso que la cultura cubana existe antes de la Revolución con una fortaleza muy grande, que viene de la época de la lucha por la independencia en el siglo XIX. Es un cuerpo social de un vigor extraordinario capaz de resistir esos intentos de embate que la desnaturalizaban. Eso no se concretó por el rechazo que encontró en los propios autores y artistas. A partir del año 76, con la creación del Ministerio de Cultura, estos temas empezaron a sanarse. La mayoría de esos autores somos, hoy, los más reconocidos del país, ganadores de los premios nacionales de literatura; yo mismo acabo de recibir el premio de periodismo cultural. Es decir, ha habido una recomposición sobre la base de la intensidad de la propia cultura cubana que no acepta este tipo de camisas de fuerza que se tratan de imponer.

L.C.: Está el caso del escritor cubano Guillermo Cabrera Infante, que se fue de la isla y desde su exilio se cansó de denostar al régimen castrista. ¿Qué opinión tiene de él? 
Casaus: Cada caso está dado por la propia personalidad del autor. Cabrera Infante había sido director de Lunas de Revolución,  un semanario muy importante que irrumpió justamente en 1959, y después estuvo como diplomático en Europa. De ahí regresó y cuando se fue nuevamente decidió quedarse en Europa y no volver más a Cuba. Yo creo que después él tuvo una relación muy contradictoria con Cuba, ya no con el gobierno sino con el país, de amor y odio. Creo que muchas de sus obras, aunque al final ya se le sintieron los años de distancia, son obras enraizadas en lo cubano, en el lenguaje cubano, que él supo mantener durante años aún viviendo en otras circunstancias geográficas e históricas. Esto realmente es algo admirable y ha escrito novelas hermosas. Pero no era una persona que aceptara cosas de Cuba sino que tenía un rechazo visceral a todo lo que sonara a Cuba. Es contradictorio ese amor por la cultura cubana y ese rechazo global por nuestro país.

L.C.: ¿Qué recuerda del 1º de enero de 1959 cuando se produjo la Revolución? 
Casaus: Yo era muy joven, casi niño, tenía 14 años. Mi familia no fue una familia que participara en la lucha contra (Fulgencio) Batista , como sucedió con muchas otras. Es decir, no era una familia con proyección política. Eran personas que no estaban de acuerdo con Batista, porque era un dictador que había sellado todas sus relaciones con la gente a partir de un gobierno criminal.
Es decir, no se podía ser batisteano, pero tampoco era una familia militante. Entonces, yo lo viví desde la ingenuidad de mis 14 años. Pienso que tiene mucho que ver el origen social de cada cual. Yo provengo de una familia muy humilde y eso determinó la manera en la que, desde un principio, engarcé con el fenómeno de la revolución. Habiéndose producido el triunfo del 59, inmediatamente participé en las primeras cosas que aparecieron para toda la gente, para todos los jóvenes. El origen de eso está en mi origen de clase, que se emparentaba con una revolución que se proponía establecer niveles de justicia e igualdad para todos.

L.C.: ¿Pero recuerda esa fecha como un día muy especial?
Casaus: Creo que hubo varios días de importancia visual o fáctica. Porque el 1º de enero de 1959, que es el día que se marca como el triunfo de la Revolución, en La Habana, todavía no había sucedido la llegada de las tropas rebeldes, que recién llegaron el día 8. Yo recuerdo sí muy vivamente un acontecimiento que ahora se recuerda todos los años con la nostalgia que eso supone-, que fue la entrada de las tropas rebeldes a La Habana, que venían desde Santiago de Cuba hacia Occidente, avanzando y ocupando las diferentes provincias. Ese día fue un día de fiesta extraordinaria porque el gobierno de Batista había dejado una situación insostenible para la vida de la gente, de inseguridad, de crímenes, en fin era una situación límite. Y las fuerzas rebeldes representaban la liberación de esa situación. Entonces, yo recuerdo esa fiesta en La Habana; yo vivía en un barrio modesto, un barrio obrero en su época, y recuerdo haber estado ahí con mi familia, con mis padres y escuchar que esa caravana iba a pasar por una avenida que quedaba bastante próxima a nosotros y haber ido corriendo hasta ahí para ver cómo llegaba esa gente que venía de las sierras. La imagen era la de esos luchadores victoriosos que bajaban de las sierras habiendo derrocado a un tirano que no tenía ninguna simpatía entre la gente.
L.C.: ¿Conoció personalmente a Fidel Castro? 
Casaus: Sí, en reuniones pequeñas, sobre todo con los escritores e intelectuales con quienes él ha tenido una relación muy intensa, y muy útil tanto para él como para la cultura.

L.C.: ¿Quién es para usted Fidel Castro? 
Casaus: Creo que es una de las mayores figuras del siglo XX y, como todo hombre, no esta exento de errores o de decisiones que en su momento pueden no haber sido justas. Pero yo creo que, inclusive en estos momentos ya finales de su vida, ha dado muestras de una gran capacidad de entrega a la idea en la que él creyó desde muy joven. Y prácticamente si uno revisa la historia cubana desde la década del cincuenta hasta hoy, esa historia pasa en gran medida por la vida de este hombre. Pienso que esa capacidad de entrega a una idea generalmente no es común entre los políticos del mundo. Había en Fidel un hombre muy enfebrecido e identificado con los ideales de José Martí , con esa idea humanista, liberadora de la gente, buscadora de la justicia… pienso que fue un heredero importante de aquel pensamiento de Martí y lo implementó de una manera que yo admiro mucho, que fue una manera creadora de enfrentar esa realidad política y de tratar de transformarla, que era su objetivo revolucionario. Y de ahí este intento, que en este caso fue un triunfo, de la lucha armada para acceder al poder y transformar la sociedad. Que fue un momento creador porque si no se hubiera producido esa búsqueda de los caminos políticos a través de la lucha armada, yo creo que la realidad de Cuba en los años siguientes no habría cambiado. Yo creo que lo que ha potenciado la vida cubana, que es muy distinta a la del resto continente, es precisamente la concreción de una transformación tan importante como la Revolución

L.C.: En cuanto a la lucha armada para la toma del poder, en Argentina ha habido un proceso crítico. 
Casaus: Yo estoy convencido que, en la actualidad, esa vía no es factible en la mayoría de nuestros países, porque el continente ha tomado otro rumbo. Para que una lucha de este tipo pueda emprenderse tiene que haber una factibilidad política; es un acto demasiado romántico, yo creo que siempre fue romántico, también cuando se hizo en Cuba, pero tendría que tener una base de sustento.
Esto, para mi, no niega sino que, por el contrario, reafirma la intención, la voluntad, la entrega, la pasión con que aquella gente de los años setenta intentó en Argentina esos cambios. Ahí yo creo que si hay elementos y valores rescatables. Hoy, probablemente, no sea ese el método de lucha más aconsejable, pero creo que en aquella gente existen valores que son totalmente aplicables en la sociedad en que vivimos.

L.C: Alguien dijo de usted: Vive imaginando e impulsando proyectos culturales. ¿Concuerda con esta afirmación? 
Casaus: Es una especie de defecto que comparto con otros amigos. Pienso que en mi caso fue algo muy temprano. Siempre tuve ese espíritu no solamente de hacer la obra personal, sino también una especie de necesidad, de pasión, de ser también un divulgador de lo que hacen los demás. El primer concierto público de Silvio Rodríguez por ejemplo, que es nuestro compañero de generación, lo organicé yo desde El Caimán Barbudo. Y junto con los poetas en Cuba hicimos muchas actividades de este tipo, de llevar nuestros poemas leídos a una escuela, a un parque, a un sitio público. Y hoy el centro ha permitido hacer eso de una manera sostenida y organizada.

L.C.: ¿Ese vendría a ser el objetivo del Centro Cultural Pablo de la Tor riente Brau? 
Casaus: El objetivo es crear nuevos espacios de difusión y debates inspirados en este hombre que le da título al centro. Pablo de la Torriente Brau fue un periodista y escritor del siglo XX, que murió muy joven en la Guerra Civil española habiendo ido ahí como corresponsal de guerra. Fue una figura muy querida, con un carisma extraordinario. El centro tomó su nombre porque soy un gran admirador, como mucha gente en Cuba, de su obra. Entonces, trabajamos con el legado de este hombre, que es muy actual por otra parte, porque fue un tipo antidogmático, revolucionario, que trató de hacer la revolución con un sentido creador.
Eso para mí fue muy importante, encontrar a alguien que hiciera la revolución no desde los esquemas y los dogmas sino desde la imaginación. Y esa es una de las claves de nuestro centro: la imaginación.

La salud en Cuba


víctor casaus
L.C.: En estos días en que la Argentina sufre la epidemia de la gripe A, y anteriormente la del dengue, muchos especialistas han comparado nuestro sistema de salud con el de Cuba. ¿Qué podría decir al respecto? 
Casaus: En Cuba hay una estructura social creada que ya tiene muchos años que son los años que tiene la revolución- que le dan a estos trabajos como el de la salud, una infraestructura a través de organizaciones como las de las mujeres, de los jóvenes, del Comité de Defensa de la Producción, que es difícil encontrarla en otros países. Eso es lo que produce algo distinto a lo que vimos aquí, que es la dificultad para unificar un criterio que ayude una situación como ésta y que ayude a combatir la pandemia. Es decir, eso en Cuba, con los huracanes y los ciclones no sucede, pues hay una estructura ya creada de defensa civil y social en la que participa la gente, dentro de las estructuras que tiene establecida el Estado y la sociedad. Esa diferencia es muy grande. Uno de los problemas que ha ocurrido aquí es que hay una enorme cantidad de información pero no es una información dirigida a un objetivo claro, pues entonces a veces es más una confusión que una información.

La educación en Cuba: ¿Mito o realidad?


L.C.: Siempre se exalta al sistema educativo cubano. Usted que ha recorrido muchos países y ha podido comparar realidades, ¿es mito o realidad la supuesta excelencia de la educación en su país? 
Casaus: Yo creo que es una realidad y es uno de los orgullos que casi todo cubano tiene independientemente de su filiación política. Hay una especie de orgullo íntimo de que un país pequeño con tantas dificultades
económicas tenga estos niveles en cosas tan esenciales para la vida como la salud y la educación. Yo veo realidades en otros países, caso de España por ejemplo, que han alcanzado esos niveles pero de otra forma, porque son sociedades desarrolladas. Lo hermoso, y me parece de una importancia muy grande para los latinoamericanos, es que un país pequeño, redistribuyendo mejor la riqueza, como es el caso de Cuba, haya
dado posibilidades que estos sectores como el de la salud y la educación sean óptimos. Y que incluso se haya prestado ayuda a estudiantes de bajos ingresos de otros países para que estudien en nuestro país.

FUENTE: LA COLUMNA
 
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